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La zona central de Chile vive una de las sequías más extensas que se ha registrado en la historia, llegando a calificarse como una “megasequía”. Durante los últimos diez años, esta zona del país ha mostrado carencias sostenidas en precipitaciones. Por ejemplo, en el año 2019, hubo un déficit de un 76% de lo que se considera un año normal.

De acuerdo al estudio “Megasequía: Diagnóstico, impactos y propuestas” del Centro de Estudios Públicos (CEP) de enero de este año, los pronósticos para el futuro no son muy alentadores. El análisis estima que para el 2040, Chile será uno de los 30 países con mayor estrés hídrico si se mantienen las condiciones actuales.

Para Mauricio Lemus, gerente general de Biocys, consultora medioambiental “desafortunadamente, la sequía y desertificación, es uno de los problemas medioambientales más grandes que nos estamos enfrentados como país y que sigue avanzando. Hoy día estamos viviendo una megasequía con los años más secos en los 70 u 80 años y lamentablemente no se ven luces de mejorar”.

Lemus advierte que este problema “está generando un impacto muy importante”. Si bien rescata que con la lluvia del año pasado “se ha logrado recuperar” un poco la sequía, hoy se puede ver como los bosques nativos se están volviendo café. “Todo dice que la vegetación está cambiando, que el clima ya no va a ser el mismo y tenemos que empezar a acostumbrarnos a que la vegetación, poco a poco, va emigrando y van predominar las especies serófilas como el pino u otras especies que son más resistentes a la sequía”.

De ahí surge el llamado de Mauricio a tomar medidas drásticas con relación a esta problemática. De lo contrario, “vamos a ver como se ven afectadas la flora, la vegetación, va a haber una pérdida de biodiversidad, de superficie con vegetación nativa y del número de ejemplares de fauna”, señala Lemus.

De acuerdo al estudio del CEP, existen varias alternativas para resolver el problema de la escasez hídrica y detener la sequía y la desertificación, como ajustar el uso del agua a nivel sostenible. Para ello, se debe adaptar una regulación sobre aguas terrestres y un cambio de paradigmas en cuanto al uso de recurso hídrico, que lleve a una gestión más sostenible.

En este sentido, el gerente general de la consultora medioambiental, señala la importancia de la restauración y recuperación de las tierras degradada, “porque esta es la única manera de poder mitigar los efectos del cambio climático, de la sequía y, de alguna manera ir frenando el avance de la desertificación. Así como también, poder mantener y restaurar la biodiversidad”, agrega.

Una solución que señala el estudio, para responder a la escasez hídrica, es avanzar en una plataforma de información sobre los recursos hídricos, a través de una base de datos que permita su correlación y la creación de algoritmos. Otra alternativa es el desarrollo de una inteligencia artificial, que simplifique sustancialmente la toma de decisiones, tanto para la autoridad, como para quienes utilizamos el agua.

En tanto, desde Biocys seguirán trabajando en “generar conocimiento, metodología e impacto, que nuestros proyectos que implementamos, pasen 20 años y estén bien establecidos. Que no solo pongamos una planta, sino que restauremos la ladera, el ciclo hidrológico, los suelos y, de esta manera, ir generando iniciativas que otros más vayan replicando para que, efectivamente se genere un impacto significativo para mejorar la calidad de vida de todas esas personas que habita estas tierras”.

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